Más allá del Man de las leyes
Mi viejo cuenta que de niño vivió un año
en la ciudad de San José de Cúcuta. En esa época, solía escaparse los fines de
semana a diversos lugares aledaños, ya que le resultaba fácil movilizarse,
incluso sin dinero, pidiendo a los conductores de buses urbanos e
intermunicipales permitirle subirse por la puerta trasera, lo cual era usual
con los niños relativamente pequeños. Uno de sus sitios favoritos era la Villa
del Rosario y, particularmente, el Museo Casa Natal del General Santander, a
donde entraba igualmente gratis. Así, a mi padre le nació cierta devoción por
el general Francisco de Paula Santander, que unida al ya inmensurable orgullo
que los santandereanos sienten por su región y por la sangre bravía que recorre
sus venas, ha causado que siempre se refiera a su prócer preferido con
adjetivos que denotan ciertos aires de idolatría. Pero hablemos del personaje
de esta historia, es decir, de Francisco Paula Santander, a quien nos
referiremos como El General o simplemente Santander.
Santander tenía procedencia de abolengo,
ya que se dice que su cuarto abuelo por línea paterna fue el Capitán Francisco
Santander (Martínez de Ribamontán Santander), quien fuera gobernador de la Provincia
de Santa Marta en 1619, y por línea materna el capitán español Antonio de Omaña Rivadeneyra Castropol, también su cuarto abuelo, llegado a la ciudad de Ocaña
en el siglo XVII. Entretanto, también se conoce su
ascendencia nativa proveniente de la unión del conquistador
Diego de Colmenares con la hija del cacique de Suba, Ana Sáenz. A su sangre aborigen se han atribuido
varios de sus rasgos característicos, como su tendencia solitaria y silente.
Pero fue esta actitud introspectiva junto con la formación en leyes adquirida
en el Colegio Real Mayor y Seminario de San Bartolomé (de la que no obtuvo su
grado) la que le permitió generar las ideas para la constitución política de
1821 y su gran amor por la educación, que además, una vez asumida la
presidencia de Colombia lo llevó a la creación de más de una veintena de
instituciones universitarias en Colombia, (Panamá), Venezuela y Ecuador (que
formaban parte de Colombia). Pero la causa de la inconclusión de sus estudios
fue la misma que lo llevó a vestir la capa de héroe de la patria a sus tiernos
18 años, tras los sucesos del 20 de julio de 1810, logrando escalar todos los
rangos castrenses posibles, hasta ser general apenas 9 años después, con 27
cumplidos. Este interés suyo por la educación superior demuestra que Santander
era un hombre visionario, que le apostaba al conocimiento más que a las armas y
a la guerra. Su desempeño como militar tuvo lugar mayoritariamente en Venezuela
debido a que cuando fue nombrado comandante en jefe en Casanare, con apenas 24
años de edad, los recios pero brutos llaneros no quisieron seguir a un joven
educado y organizado, prefiriendo el mando del coronel José Antonio Páez, su
paisano. Ya en Venezuela, luego de ser ascendido a general en 1818, se le metió
en la cabeza libertar primero a la Nueva Granada (actual Colombia) y luego sí
regresar triunfante a Venezuela. De algún modo estas ideas fueron puestas en
práctica, ya que se esmeró en preparar a sus burdas tropas a base de disciplina
y de mano dura, mientras trabajaba incansablemente en el diseño, casi
profético, de la ruta y las estrategias que concluyeron exitosamente con las
batallas del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá, por lo cual se le otorgó
el título de Organizador de la Victoria.
Ya como presidente de Colombia (a la cual
pertenecían Ecuador y Venezuela), uno de sus primeros aciertos fue lograr diluir
la idea de la reconquista española, lográndolo con la ejecución del coronel
José María Barreiro y de los otros 37 realistas que fueron hechos prisioneros
en el Puente de Boyacá, entre ellos 25 oficiales españoles, 5 granadinos, 5
venezolanos, 1 ecuatoriano, 1 guayanés y 1 portorriqueño. Esta orden
aparentemente cruel del General Santander logró acallar las voces de quienes
añoraban seguir siendo colonia de España. Entretanto, este acto demuestra que
Santander era un hombre capaz de tomar las decisiones necesarias para la
conveniencia de la salud del nuevo estado. Su determinación e inflexible
dedicación a la patria lo condujeron al pensamiento federalista con poderes
limitados para los gobernantes, lo cual le atrajo la animadversión de los
centralistas bolivarianos que promovían la presidencia vitalicia y el poder
ilimitado (tal como lo sugieren los bolivarianos venezolanos actuales), así que
el lector podrá sacar sus conclusiones a respecto de las ansias de poder de Simón
José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios Ponte y Blanco, y del
mismo modo, podrá entender lo saludable de las ideas de nuestro más ilustre
patriota Francisco José de Paula Santander Omaña. Tales diferencias políticas
hicieron que en 1828 los militares venezolanos, así como otros ciegos
seguidores de Bolívar, al ver en peligro su insaciable sed de poder, llevaran
al hombre de las leyes, al edificador de nuestro estado, al creador de nuestra
primera constitución política y fundador de nuestras bases educativas, a un
juicio injusto, donde no apenas se violaron sus derechos, sino que también se
desaparecieron las pruebas a su favor y se hicieron aparecer documentos y
testigos falsos. En este juicio infame, el artífice de nuestra nación fue
condenado a muerte, pero gracias a las gestiones de sus seguidores granadinos,
esta pena fue cambiada por destierro y prisión, perdiendo, claro está, sus
grados militares. El General pidió asilo en Europa y Norteamérica, donde se le
dio el merecido reconocimiento a su gesta libertadora y carente de toda la
avaricia bolivariana, ganándose también la admiración de los estadistas
mundiales de la época. A su retorno, Santander no sólo vio restablecidos los
honores militares que le había quitado Bolívar, sino que percibió como la
simpatía que despertaba en los granadinos lo condujo a ser elegido Presidente
de la Nueva Granada para el período de 1832 a 1837, dando continuidad a su
gobierno de construcción de un estado independiente, autosostenible, libre,
culto y productivo. Sus últimas palabras el 6 de mayo de 1840 fueron “Ahora sí, ¡adiós mis amados amigos!”.
Analizando esta expresión, luego de conocer al callado y adusto General, no es
difícil inferir que se despedía de su país, este país: Colombia, al que entregó
su vida y que finalmente fue su gran obra.
El General Santander no fue apenas el Man de las Leyes, como lo hacen ver en los libros de historia y en la leyenda bajo su estatua en el parque que lleva su nombre frente a la catedral de la Sagrada Familia en Bucaramanga.
Fue el constructor de nuestra Patria.
muy interesante la histora sobre Santander
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